lunes, 26 de noviembre de 2007

DELTA en Puerto Madryn

Ángel Ñanco es un cacique mapuche-tehuelche de la comunidad de Puerto Madryn. Allí, en la Patagonia que alguna vez fue tierra tehuelche, lucha por recuperar un pueblo que, poco a poco, fue despojado de su identidad.

Ñanco significa “águila” en mapuche -relata Ángel-, un ave sagrada que, según creencias ancestrales, anuncia buenos y malos augurios, y lleva el alma del mapuche cuando muere cerca de “Futa Chao” (que simboliza “Padre Grande”, es decir, Dios).

“Trabajamos por la integración; decimos que somos una comunidad con una mentalidad fresca, nueva. Consideramos que dentro de la sociedad tenemos un espacio, y a ese espacio hay que ocuparlo, porque no hemos desaparecido, somos un pueblo vivo, y somos una cultura viva”, dice Ángel, mientras ceba mate.

El lonko -“cacique”, en mapuche- habla y pone todo de sí. Es que, aunque tuvo un tardío encuentro con sus orígenes -recién a los 40 años- aquella experiencia cambió su vida. “Íbamos con mi mujer todos los domingos a un asilo, para llevar a pasear a los ancianos. Y por casualidad, en un pueblito que se llama Ghan Ghan encontré que había una rogativa mapuche. Yo no sabía lo que era una rogativa, pero les juro que cuando la vi sentí algo que me golpeaba por dentro, pero mal, muy fuerte”, relata con una emoción que aún hoy le nubla la mirada.

Desde aquel momento, Ángel realiza día a día la minuciosa tarea de recuperar a su pueblo, ladrillo a ladrillo. Lucha contra la marginación, el prejuicio y la indiferencia de los otros -los huincas, como llaman a la raza blanca- pero la lucha más ardua es la que lleva contra la apatía de su pueblo. “Siempre se ha tenido la imagen de que los originarios son un pueblo cerrado; pero sus razones tienen, porque se han servido de ellos y los han usado de tal manera que ya no quieren saber más nada. Incluso pasa con las celebraciones: todo el mundo va y saca fotos, buscando lo folklórico del tema, sin considerar lo sagrado que significa para ese pueblo”, relata.

Vivir como extranjero
“Es muy difícil sentirme argentino; es como cuando uno pierde a sus padres y es adoptado por otra familia: el que va a recibir todo el afecto va a ser el hijo de esa otra familia. Yo, como no soy de esa familia, tengo que agradecer si apenas me acarician. Y en una casa que fue mía, hoy tengo que vivir en el fondo; entonces es muy difícil que yo pueda sentir cariño por quien se ha transformado en mi padre, porque ese hombre se ha encargado, desde que llegó, de marginarme y discriminarme. En una tierra que fue toda nuestra, hoy prácticamente nos toca hacer el papel de extranjeros. Y eso es bravo. Siempre somos los últimos orejones del tarro, en algo que fue mío, y que sigue siendo mío y lo sigo sintiendo mío”, insiste.

Su voz resuena con el peso que imprime a cada palabra, con una tenacidad que 52 años no lograron abatir y que, sin embargo, no roza la irreverencia. “Voy más al diálogo que al choque, porque soy consciente de que trabajar para que una puerta se abra cuesta un montón, pero para que se cierre, no cuesta nada -asegura-. A mí, por sobre todas las cosas, me interesa dialogar, sea con quien sea; yo soy un convencido de que si nos sentamos a hablar, podemos acordar. Y no me gusta por ahí ser frontal; no nos olvidemos que es otra la cultura dominante, es la que tiene todo el poder económico, y nosotros padecemos de todas esas cosas. Entonces, más allá de que los reclamos que se hagan son justos, es muy difícil revertir la situación”.

El pasado a contramano
El rechazo a las comunidades originarias data de los albores mismos de la independencia argentina. Los relatos de Ñanco lo describen con perfecta precisión: “Como país, hemos vivido siempre a contramano, es como si los aborígenes fueran de la época precolombina Muchas veces se nos tildó de salvajes, pero ellos fueron más salvajes que nosotros. Hay un libro que se llama Memoria del Humo, escrito por un hombre que vivió el desalojo de 1937, donde cuenta que cuando los desalojaban, venía el ejército y rociaba los ranchos con damajuanas y los prendían fuego. Y a las familias, las cargaban en camiones y las desperdigaban por distintos lugares. ¿Vos sabés lo que es llevar a la gente caminando desde Junín hasta Patagonia, 1.200 kilómetros? De ahí los embarcaban hasta Buenos Aires, y allí diseminaban a las familias, que nunca más se volvían a juntar. ¿Quién se hace responsable por todo eso?”, pregunta mientras una lágrima desobediente se escapa de sus pupilas, confesando un dolor que lleva en la sangre, transmitido de generación en generación.

El cacique afirma que esto también fue apoyado por la Iglesia, ya que esta “te absorbe, te incorpora y te va anulando todo lo que vos tenés de tus raíces, y eso apunta a que un pueblo se extinga. Eso es con lo que no estoy de acuerdo, con que me quieran transformar; me están eliminando como mapuche, como tehuelche. Y si a mí me sacan todo eso, mi vida pierde todo sentido. Por eso yo digo: no necesito que me den una mano, necesito que me saquen las manos de encima”, asegura.

Solos en el reclamo
Ñanco apela a que, cuando hablemos de Memoria y Justicia, que sea para todos. “Quizá lo de la dictadura caló más hondo porque es más reciente, pero esto tampoco está tan lejos. Por ahí me cuesta entender cómo la comunidad se muestra indiferente. Incluso la avenida principal de Puerto Madryn todavía se llama Roca. Y si bien los reclamos son nuestros -porque las tierras son nuestras- también los argentinos, como argentinos, deberían velar por todas esas cosas. ¿Cómo puede ser que hoy la mayor parte de las tierras de la Cordillera estén en manos extranjeras? Pero estamos todos tranquilos, todos quietos. Y eso es peligroso para nosotros”.
Por Valentina Primo

2 comentarios:

Leonardo dijo...

Estimados

Soy parte de Ecos de la Patagonia y quería agradecerles el haber posteado un comentario en nuestro blog. El de Uds se ve impecable al igual que la revista. Muchas felicitaciones. Bregamos por lo mismo. Cualquier cosa que necesiten desde acá cuenten con nosotros.

un abrazo cordial
Leonardo

walter dijo...

es interesante su narrativa, señor ñanco, lo felicito por sus palabras. siga luchando por el conocimiento de nuestros antepasados! saludos. djo un correo electronico. aguilablanca_nqn@hotmail.com